
Dr. Roberto Betancourt A.
A sus veinticinco años de existencia, el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit) sigue siendo un pilar fundamental de la arquitectura científica venezolana. Su historia abarca dos épocas; por un lado, recoge la experiencia del antiguo Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit) y, por otro, adquiere, con la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (Locti), una misión más amplia que incluye transformar recursos en capacidades para investigar, desarrollar tecnología, innovar y resolver problemas concretos del país.
El artículo 110 de la Constitución reconoció el interés público de la ciencia, la tecnología, el conocimiento, la innovación y sus aplicaciones, y la Locti llevó ese mandato al terreno institucional y económico, actuando, desde entonces, como bisagra entre el Gobierno, las universidades, los centros de investigación, la industria y el poder popular. Su función excede la recaudación, gracias a una ley que le otorga las competencias de administración, control, fiscalización, seguimiento y canalización de los aportes hacia programas y proyectos.
Las cifras permiten apreciar la escala del cambio. Gracias a las precisas investigaciones del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti), sabemos que en 2006 la inversión registrada en ciencia, tecnología e innovación alcanzó el 1,4 % del PIB, que incluía los aportes empresariales previstos en la Locti. Para 2007, estas estimaciones la situaban en el dorado objetivo de 2,03 %. Los registros del Oncti contabilizan un crecimiento sin precedentes de los proyectos financiados, que pasaron de 438 en 2001 a 974 en 2012, por mencionar solo un dato. Los boletines han demostrado que la recaudación reportada permitió apoyar centenares de proyectos de una organización que ha dado pasos agigantados desde su nacimiento. Detrás de estas cifras hay talento, infraestructura, formación, investigación, desarrollo experimental y prototipos.
Esta es una razón para estudiar la experiencia venezolana en América Latina y en el Sur Global. El país ensayó un mecanismo capaz de vincular la actividad económica, la contribución empresarial y la asignación pública en la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) dentro de un mismo sistema. La literatura académica lo describió como un versátil instrumento de política pública para la innovación y examinó sus efectos empresariales y universitarios. De este modo, Venezuela construyó una fórmula propia, con reformas y aprendizajes.
La trayectoria cobraría singular relieve cuando las restricciones externas, las medidas coercitivas, las dificultades de importación y el acceso limitado a tecnologías exigieran respuestas locales. El libro El triunfo del ingenio documenta cerca de 300 soluciones venezolanas en los ámbitos de la salud, la alimentación, el mantenimiento de equipos, la sustitución de piezas y la creación de prototipos. En este contexto, el Fonacit ha servido como instrumento financiero capaz de convertir el conocimiento en respuestas prácticas y la política científica en capacidad productiva.
Celebrar estos primeros veinticinco años significa reconocer una institución y también una comunidad. Detrás de cada convocatoria, proyecto, laboratorio, beca, prototipo o solución hay una cadena humana que comienza en la experiencia del Conicit y que ha madurado con quienes hoy habitan y hacen suyo el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. El Fonacit forma parte de esa historia, la de un país que decidió invertir en su propio talento, organizar sus capacidades y utilizar la ciencia como herramienta para encontrar respuestas que siembren soluciones tangibles en el presente y permitan alcanzar la soberanía, el bienestar y un futuro esperanzador que se renueva cada día en el ingenio de los hombres y mujeres del Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.
* El autor es Presidente del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación
@betancourt_phd
Fuente: https://ultimasnoticias.com.ve/opinion/siembra-en-el-presente-la-esperanza-en-el-futuro/