Comunicar ciencia para construir ciudadanía
Dr. Roberto Betancourt A.

Parafraseando al psicólogo político Jon D. Miller, un país fortalece su capacidad de decisión cuando la ciencia forma parte de la conversación cotidiana y se comunica explicando hallazgos, métodos, incertidumbres y efectos prácticos. Así se forman ciudadanos capaces de exigir datos, de distinguir una correlación de una causa y de valorar soluciones que pueden estar abiertas a revisión. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos define la alfabetización científica como la capacidad de participar, desde una ciudadanía reflexiva, en asuntos científicos e interpretar datos con criterio. Explicar cómo se alcanza una conclusión es tan importante como divulgar el resultado.

El Wellcome Global Monitor es el estudio más grande del mundo sobre la percepción de la ciencia por parte de la ciudadanía. Se ha llevado a cabo en 113 países y territorios, y entre 2020 y 2021 reveló que el 80 % de las personas confiaba mucho o algo en la ciencia, y que el 77 % lo hacía en los científicos. En la Unión Europea, el Eurobarómetro de 2021 reveló que el 86 % de la ciudadanía tenía una opinión positiva de la ciencia y la tecnología. Así pues, la evidencia muestra que la cercanía y la confianza avanzan juntas.

Entonces, ¿cómo lograrlo? Los estudios muestran el camino a seguir. Para empezar, hay que conectar cada explicación con problemas reconocibles. Una alerta sísmica adquiere sentido cuando muestra qué debe hacer una familia, cómo se calcula la amenaza y la vulnerabilidad, y por qué cambian las recomendaciones al aparecer nuevos datos. Un programa de vacunación gana legitimidad cuando presenta de manera clara los beneficios, los riesgos, las fuentes y los criterios de seguimiento. Asimismo, una comunidad familiarizada con la ciencia podría medir la calidad del agua junto con universidades y autoridades, identificar prioridades y compartir la responsabilidad.

Desde la esfera de la política pública, la comunicación científica exige presencia en escuelas, medios de comunicación, redes sociales, museos, plazas y consejos comunales. También requiere formar a los investigadores para que sepan escuchar, narrar con precisión y con lenguaje cercano, reconocer los saberes locales y traducir las cifras en decisiones comprensibles. La Unesco promueve dar un paso más: transformar la difusión unilateral en un diálogo y en ciencia ciudadana, en la que la población participa en la definición de problemas, la recolección de datos y la evaluación de resultados.

De este modo, podemos construir una cultura científica basada en experiencias útiles, transparentes y participativas. Quien entiende cómo se obtiene una evidencia puede cuidar mejor su salud, prepararse ante riesgos, exigir políticas coherentes y colaborar en soluciones colectivas. Comunicar la ciencia constituye una infraestructura cívica que une conocimiento, confianza y acción, que convierte la curiosidad en capacidad nacional y que transforma a la sociedad en aliada de su desarrollo.

* El autor es Presidente del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

@betancourt_phd
Fuente: https://ultimasnoticias.com.ve/opinion/comunicar-ciencia-para-construir-ciudadania/