Cuando la adicción gobierna la relación entre los Estados
Dr. Roberto Betancourt A.

En una persona adicta a una sustancia, el deseo de consumirla suele superar a la racionalidad, invalidando las normas sociales y éticas e, incluso, las evidentes señales de daño físico. Este patrón es análogo al de un Estado cuya economía y seguridad percibida dependen en gran medida de los combustibles fósiles. A pesar de ser un gran productor de petróleo, Estados Unidos mantiene y fortalece una estructura de consumo autoflagelante e impulsa políticas globales sin precedentes basadas en el control de reservas más allá de sus fronteras, aunque cause evidentes estragos a terceros, con el único objetivo de satisfacer su adicción. Tal pareciera ser éste el caso al voltear su mirada a un país que hace uso racional del producto y es parte de una organización internacional que busca interpretar los síntomas y mantener el consumo en niveles saludables (OPEP).

Inicialmente, antes de invadir Venezuela y secuestrar a su jefe de Estado, el propio discurso público del Gobierno estadounidense afirmaba explícitamente que la intervención tenía como objetivo declarado la lucha contra el narcoterrorismo (lo cual es una contradicción al estimar esta propia metáfora), pero luego, a causa de los síntomas evidentes de su enfermedad, expresaba sin tapujos que el único motivo era el control de las vastas reservas petroleras venezolanas. Esta narrativa no solo recuerda a la retórica de las «justificaciones» que dan los yanquis «yonquis» para continuar consumiendo a pesar de las consecuencias adversas, sino que también demuestra una negación del daño sistémico que produce la propia dependencia al planeta.

La conducta en este conflicto revela los rasgos clásicos de drogodependiente, en primer lugar, la priorización de la sustancia por encima de las normas y reglas sociales. A escala internacional, se observa como se ha recurrido a la lógica del uso de la fuerza, incluida la invasión militar, el secuestro de un líder soberano en su residencia, la aniquilación de un centenar de inocentes y la imposición continuada de bloqueos de todo tipo, sin un mandato claro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que constituye graves violaciones del derecho internacional público.

En segundo lugar, en los estados biológicos de adicción se manifiesta paranoia y agresividad defensiva ante cualquier estímulo que pueda interrumpir el suministro de la sustancia. De manera paralela, la política energética estadounidense alterna entre justificar la agresión con narrativas de emergencia de un narcoterrorismo que no ha soportado escrutinio alguno y movilizar una doctrina de hegemonía cuando se cuestiona el estatus de las fuentes alternativas de energía o la indispensable transición climática. Quienes se benefician del statu quo fósil no solo intervienen directamente, sino que también adoptan medidas económicas y mediáticas que desalientan la transición energética, consolidando así la dependencia global a esta fuente de energía.

La respuesta adictiva a los combustibles fósiles es más que un simple accidente histórico, sino una patología estructural que erosiona el respeto por las normas multilaterales, amplifica la degradación ambiental y perpetúa las desigualdades tecnológicas y económicas. En este sentido, el oprobioso ataque a la soberanía de Venezuela, que incluye vastas consecuencias humanitarias, ecológicas y jurídicas, debe verse como un episodio geopolítico sin parangón y como una crisis sistémica más amplia. La incapacidad de un actor global para librarse de su adicción energética lleva a la transgresión de los principios básicos de coexistencia pacífica entre naciones. En lugar de buscar soluciones prácticas que sanen su cuerpo energético, insiste, como cualquier toxicómano, en negar su estado. Por tanto, la evidencia apunta a que es indispensable un enfoque científico y tecnológico integral para abordar tanto las causas profundas de esta adicción como sus manifestaciones más destructivas.

¿Cuál es el tratamiento para curar la adicción? Comencemos con que regresen a nuestro presidente y a la primera combatiente.

* El autor es Presidente del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

@betancourt_phd
Fuente: https://ultimasnoticias.com.ve/opinion/cuando-la-adiccion-gobierna-la-relacion-entre-los-estados/