Adicción y «me gusta»

Dr. Roberto Betancourt A.

La dopamina es una sustancia química producida por nuestro cerebro que juega un papel protagónico en la motivación del comportamiento. Se libera cuando tomamos un bocado de comida deliciosa, cuando tenemos relaciones sexuales, después de hacer ejercicio y, lo que es más importante en esta reflexión, cuando tenemos interacciones sociales exitosas.

En un contexto evolutivo, la dopamina nos recompensa por comportamientos beneficiosos y nos motiva a repetirlos.

Estudios han demostrado que el cerebro humano contiene cuatro «vías» principales de dopamina, o conexiones entre diferentes partes del cerebro que actúan como autopistas para mensajes químicos llamados neurotransmisores. Cada vía tiene sus propios procesos cognitivos y motores (o de movimiento) asociados. Tres de estas vías, las vías mesocortical, mesolímbica y nigroestriatal, se consideran nuestras «vías de recompensa» y se ha demostrado que son disfuncionales en la mayoría de los casos de adicción. Son responsables de la liberación de dopamina en varias partes del cerebro, lo que da forma a la actividad de esas áreas. 

Si bien estas «vías» de recompensa son distintas en su organización anatómica, las tres se activan al anticipar o experimentar eventos gratificantes. En particular, refuerzan la asociación entre un estímulo o una secuencia de comportamientos y la recompensa de sentirse bien que sigue. Cada vez que una respuesta a un estímulo resulta en una recompensa, estas asociaciones se vuelven más fuertes a través de un proceso llamado potenciación a largo plazo. Este proceso fortalece las conexiones de uso frecuente entre las células cerebrales llamadas neuronas al aumentar la intensidad con la que responden a estímulos particulares.

Aunque no es tan intenso como el golpe de, por ejemplo, la cocaína, los estímulos sociales positivos también darán como resultado una liberación de dopamina, reforzando cualquier comportamiento que lo preceda. Está al nivel de muchas drogas de uso ilícito. Los neurocientíficos cognitivos han demostrado que los estímulos sociales gratificantes (caras sonrientes, reconocimiento positivo por parte de nuestros compañeros, mensajes de seres queridos) activan las mismas vías de recompensa dopaminérgicas.

Aterrizando en el tema de esta reflexión, los teléfonos inteligentes nos han brindado un suministro prácticamente ilimitado de estímulos sociales, tanto positivos como negativos. Cada notificación, ya sea un mensaje de texto, un «me gusta» en Instagram, TikTok, o una notificación de Facebook, tiene el potencial de ser un estímulo social positivo y una afluencia de dopamina.

Debido a que la mayoría de las plataformas de redes sociales son gratuitas, dependen de los ingresos de los anunciantes para obtener ganancias. Este sistema funciona para todos los involucrados a primera vista, pero ha creado una carrera armamentista para su atención y tiempo. En última instancia, los ganadores de esta carrera armamentista serán aquellos que mejor utilicen su producto para explotar las características de los sistemas de recompensa del cerebro.

Una industria mil millonaria de redes sociales apunta sus cañones a cada uno de nosotros y, a pesar de que está a nuestro alcance hacerlos inútiles, la lucha es en extremo desigual.

¿Qué oportunidades tenemos de vencer?

En nuestras próximas reflexiones abordaremos la respuesta.

* El autor es Presidente del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

@betancourt_phd
Fuente: https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/opinion/adiccion-y-me-gusta/