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8 de febrero de 2021

Hacia una sociedad igualitaria. Un feminismo masivo empuja el futuro de una democracia con igualdad en las cúpulas y en los cuidados


Subido a una creciente cuarta ola llegaba el feminismo al mes del marzo del 2020. Un movimiento en auge y masivo cuajado en torno a la denuncia global contra las violencias que sufren las mujeres en el ámbito privado y el público. El #MeToo había recorrido el mundo sacando del armario las violencias latentes, estructurales, agresiones sexuales. El feminismo estaba en un gran momento de agitación política y social, con un canto globalizado e intergeneracional auspiciado por las redes sociales y un fuerte trasfondo de crítica al neoliberalismo.

Pero aquel mes de marzo del 2020 irrumpió la pandemia de la covid, en España y en todo el mundo, con un impacto en la salud desde luego, pero también en el ámbito social y económico.

Una crisis imprevisible que dejaba ver el armazón de una sociedad que aún tenía camino por recorrer para lograr la igualdad real. Fueron ellas las que de nuevo cuidaron. Una gran crisis y una gran oportunidad.

La Covid ha mostrado la necesidad de reformular la dimensión económica de los cuidados

En la segunda década del siglo XXI el feminismo había tomado impulso y ampliado su base, pero el patriarcado –una sociedad en la que el hombre domina aún sobre la mujer– seguía en pie. Sobre todo en el ámbito de lo privado, en la división sexual del trabajo, en el hogar. Y es desde este conflicto desde donde se libra la batalla para llegar al poder, y cambiarlo.

En las próximas décadas se va a reformular el valor de los cuidados, su dimensión no solo humana sino económica. Sin igualdad en los hogares, que requiere de una intervención política y una implicación de los hombres, no habrá igualdad en el ámbito público. Una batalla en la que se dirime el fin de la brecha salarial, la igualdad en las condiciones de trabajo y, por tanto, el acceso definitivo a los puestos de decisión y poder.

En este camino se abre paso el ecofeminismo, donde converge el cuidado de la vida y del planeta imprescindible para avanzar hacia el futuro. Un movimiento que interpela definitivamente la figura del Homo economicus , aquel individuo solo presente en el trabajo remunerado, pendiente de sí mismo y ausente de la otra gran economía, la de los cuidados. De esta interpelación que llega a los hombres emerge el debate sobre las nuevas masculinidades, clave en las próximas décadas.

“Nuestras democracias –escribe el historiador Ivan Jablonka en su libro Hombres justos (Anagrama)– tienen un punto ciego: la justicia de género que exige que desaparezcan las desigualdades entre los sexos. El desafío para los hombres no es ‘ayudar’ a las mujeres a ser independientes, sino cambiar lo masculino para no someterlas”

Las mujeres interpelan a los hombres y, como señala Ivan Jablonka, el desafío es cambiar lo masculino para no someterlas

Beatriz Gimeno, presidenta del Instituto de la Mujer, reflexionaba sobre los retos del feminismo en la era poscovid y señalaba que “poner la vida en el centro no es nada místico”. Es una necesidad que supone repensar el tiempo y el espacio público. Hay que hablar de la reorganización de los horarios no como una cuestión personal sino como un proyecto colectivo.

El debate sobre el tiempo como un eje de futuro en el que converge la sostenibilidad de la vida, del planeta, de la economía y de la igualdad.

El feminismo, señala la filósofa Ana de Miguel, es sentarse a reflexionar sobre el hecho de ser mujer. En 1949, cuatro años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la filósofa francesa Simone de Beauvoir publicaba El segundo sexo . Un libro clave en la lucha de las mujeres por la igualdad y donde reconocía que no había sido hasta entonces, al pararse a analizar sus vidas, cuando se había reconocido como feminista.

Décadas después, el feminismo es una potente masa crítica formada por millones de mujeres dispuestas a alcanzar el poder. La pandemia ha dejado ver también el horizonte de futuro.

Angela Merkel en Alemania, Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, Erna Solberg en Noruega o Tsai Ing-wen en Taiwán, entre otras mujeres primeras mandatarias en sus países, han sido destacadas por su gestión en la crisis de la pandemia. “Han mostrado –señala la ONU– liderazgo, firmeza, elocuencia y empatía con los más vulnerables”. No porque sean mujeres, sino porque son excelentes en lo que hacen en un mundo en el que solo el 7% de los países tiene un liderazgo femenino. El mundo necesita muchas más.

Merkel, Arden, Solberg... las primeras ministras que ejercen un liderazgo firme y empático muestran el camino

La lucha por la igualdad entre hombres y mujeres tiene una agenda de largo recorrido, pero también afronta nuevos retos y, entre ellos, la irrupción de las nuevas tecnologías y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). La tecnología, explica Lidia Arroyo, investigadora de género y tecnologías de la información y la comunicación (TIC), no es neutra, puede ampliar los sesgos de género presentes en la sociedad e incrementar las desigualdades. Por ello subraya que se ha dejado atrás la “mirada naif” que se tenía a principios de el siglo XXI sobre la tecnología. Entonces el objetivo era que todo el mundo tuviese acceso. Ahora y a futuro es evitar y corregir los sesgos de género incorporando no solo a mujeres, sino también miradas que no multipliquen el androcentrismo.

Las mujeres han utilizado internet y las redes sociales para hacer cuajar la gran fuerza del feminismo. Pero las redes también están siendo usadas para expandir los movimientos neomachistas de ultraderecha en todo el mundo (Polonia, Hungría, Brasil...), uno de cuyos principales objetivos es combatir en los próximos años la entrada de las reivindicaciones de las mujeres en la agenda política. Para intentar mantener el patriarcado como un sistema de poder del hombre sobre la mujer. Un sistema de poder que es la base de la violencia machista que se ejerce contra las mujeres.

La mirada de género en las tecnologías y la IA es imprescindible para no reproducir a futuro una sociedad androcéntrica

Un pulso que será crucial en las próximas décadas porque desandar camino en la igualdad es menguar la democracia. En un momento de convulsión internacional, la solidez de la democracia que debe llegar hacia un nuevo siglo se dirime en el eje de la igualdad.

La cuarta ola del feminismo, asentada en una amplia base imprescindible para conseguir los retos, es la que debe empujar la igualdad definitiva, la llegada masiva de las mujeres a todas partes y al poder. A las mujeres les gusta el futuro, en el pasado siempre estuvieron peor.

Por: Cristina Sen

Fuente: La Vanguardia, España
En: https://www.lavanguardia.com/economia/20210203/6203574/mujeres-feminismo-poder- futuro.html

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