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27 de enero de 2021

La ciencia contra la posverdad de los movimientos antivacunas


La ciencia ha contenido al coronavirus con una velocidad impensable hace solo unos años. Aunque no se tenga la mejor vacuna, esta fase experimental ayudará a mejorarla; mientras los detractores de la vacuna afirman que la intención es modificar el genoma humano con el fin de esterilizar a la población.

En medio de una pandemia que ha puesto al mundo en vilo, los escépticos de las vacunas reactivan su campaña, sobre todo en redes sociales, defendiendo posiciones negacionistas con respecto a las nuevas vacunas contra el coronavirus, a las que acusan de intentar modificar el genoma humano, para “silenciarlo”, con fines de extinción de los humanos. Las teorías conspirativas afirman incluso que la Covid-19 surgió a consecuencia de las antenas instaladas para expandir la tecnología 5G, que emiten ondas electromagnéticas causantes de todo tipo de enfermedades. También se acusa a las vacunas de causar el autismo infantil.

En Perú, según una última encuesta, un 45% de las personas se oponen a la vacuna contra el coronavirus; en Estados Unidos, cerca de la mitad de los trabajadores del sector de la salud ha adelantado que no se someterá a la vacuna. A nivel mundial, se estima que casi la mitad de la población no está segura si se vacunaría. Los movimientos de protesta contra los confinamientos y las movilizaciones anti mascarillas han crecido en Europa y en otros países los últimos meses.

Según un informe de la revista American Journal of Public Health, muchos promotores de estos movimientos antivacunas son “bots” (códigos maliciosos) rusos con el objetivo de desestabilizar. Lo cierto es que todos estos pronunciamientos generan duda, temor y desconfianza en la ciencia.

¿Qué hay de verdad o falsedad en estas posiciones? ¿Es segura la vacuna contra la Covid-19? La ciencia trabaja arduamente para dar respuestas a una población mundial en pánico ante la nueva enfermedad; todos esperan con ansias una salida, una respuesta, que podría estar en las nuevas vacunas que ya están administrando en decenas de países a millones de personas.

Además, los movimientos antivacunas generan otro tipo de cuestionamientos, como los aspectos que hay detrás de las investigaciones y el lucro de las farmacéuticas en la comercialización de los antídotos. ¿Quién pagará y quién se beneficiará de la vacunación? Varios líderes mundiales defienden que las vacunas deben ser un bien público global y la vacunación un derecho humano universal.

Un reporte de la agencia EFE informa que el escepticismo hacia las vacunas nació casi con el comienzo de su aplicación en Occidente en el siglo XVIII, cuando las campañas de inoculación que inició el padre de la inmunología, Edward Jenner, no fueron adecuadamente controladas ni los vacunados fueron debidamente aislados, lo que produjo resultados adversos.

Según la OMS, la mejora de las técnicas de vacunación, sobre todo en el siglo XX, permitió erradicar o controlar eficazmente en regiones enteras enfermedades antaño altamente contagiosas y a veces mortales como la viruela, el tétanos, la tosferina, la difteria, la polio, la rubéola o las paperas, hechos que reducen los argumentos de los antivacunas.

La OMS también defiende que 40 millones de vidas fueron salvadas gracias a la vacuna contra la polio y 16 millones de personas libres de la parálisis que crea esta enfermedad.

Según el médico boliviano y doctor en inmunología, Roger Carvajal, los movimientos antivacunas, como los de personas que hablan de ovnis, “defienden argumentos delirantes, como cuando hablan de las radiaciones 5G, la introducción de microchips en el cuerpo a través de la vacuna, o de que el ADN se puede alterar a través de una vacuna”.

“Si uno examina todo lo que hay detrás, estamos viendo una ciencia ficción para dentro de muchos años. Su racionalidad está vinculada a aspectos muy superficiales alejados de la ciencia”, sostiene.

“Se sabe que la OMS, cuando examinó las vacunas, pidió pruebas muy certeras de que no hay posibilidades de inserción de este gen del virus en el genoma humano y para eso hay varias pruebas, pero aun así existe una posibilidad remota y en el caso que se dé, se insertaría el código genético de un antígeno viral, la gente estaría permanentemente emitiendo ese antígeno viral, pero no es un gen que modifique nuestra cadena genética, compuesta por miles de millones de genes”, explica el experto.

Pero hay personas, agrega este especialista que, desde la ciencia, hacen cuestionamientos con bastante racionalidad. “Algunos piensan que el hecho de que se introduzca un ADN extraño, un vector viral, que es el caso de la vacuna de AstraZeneca y la Sputnik, podría ese ADN viral insertarse en el genoma humano, lo que nos convertiría en sujetos transgénicos”.

Carvajal recuerda que “todos los seres vivos tienen virus, hasta las bacterias y los parásitos; entonces, el tráfico de genes para los biólogos evolucionistas inclusive les hace pensar que es un mecanismo de evolución, capturando genes de otras especies; es una biología compleja y uno queda muy fuera de lugar cuando dice que hay una transferencia de este gen; todos los días entran virus en el cuerpo”.

Pero pese a este trabajo gigantesco, en el que miles de científicos en cientos de centros mundiales desarrollan nuevas alternativas, Carvajal admite que aún no tenemos la mejor vacuna.

“La mejor vacuna será aquella que nos proteja de la infección, ésta solo protege de la enfermedad, porque esta vacuna se administra vía intramuscular e induce respuestas de anticuerpos internas, que están circulando, no induce a una respuesta de anticuerpos que proteja a las mucosas, que es por donde entra el virus”, explica el doctor.

Estas nuevas vacunas “no producen el anticuerpo que se llama IGA, que es el que protege las secreciones, como otras vacunas, -la de la polio- que se da por vía oral e induce ese anticuerpo, que evita que el virus ataque. En cambio en ésta, no se tiene certeza de que ello ocurra porque no produce IGA, entonces el virus puede inhalarse y reproducirse en las células, seguir contagiando, pero si es que ingresa al organismo, se evita la enfermedad”, agrega.

Vacuna segura

Según este experto, la vacuna contra el virus es segura, ya que los datos que hay en estudios preclínicos con animales muestran seguridad; los clínicos fase uno y fase dos también muestran seguridad, aunque pueden producirse efectos colaterales, como dolor de cabeza, vómitos, inflamaciones, lo que es inherente a todas las vacunas.

“Esta administración actual de la vacuna es la fase 4, que es cuando un fármaco o una vacuna se administra a miles de personas ya en el mercado. Se siguen sacando experiencias para perfeccionarla. Estamos en esta fase donde todos ya somos parte de la investigación. En todas las vacunas sucede esto, es parte de la evolución de la farmacología mundial; no hay otra”, aclara.

Según Carvajal, es deseable una buena cobertura de vacunación y “que no haya grupos que lleven a la gente a no vacunarse, porque si la gente no se vacuna, no se podrá armar esa barrera biológica para que el virus ya no circule”.

“Si hay grupos que no se han vacunado, el virus seguirá circulando. Pero esa cobertura tiene que darse en el tiempo; no es inmediata, hasta que tengamos las otras vacunas, que ya están en camino. Varios centros están investigando la vacuna nasal, que es la vacuna atenuada que genera respuestas a muy largo plazo; así como la de la viruela o polio, que el virus está, pero en su fase inocua”.

Es decir, que solo mediante la vacunación generalizada se alcanzará la inmunidad colectiva, en la que suficientes personas sean inmunes para evitar que la enfermedad se propague libremente.

Juan Fueyo, profesor en el Departamento de Neurooncología del MD Anderson Cancer Center

en Houston (EEUU), dijo en una entrevista con la agencia EFE que “la pandemia ha demostrado que la ignorancia pone en riesgo la vida propia y la de los demás”, mientras que la ciencia y el conocimiento las salva. El experto defiende la eficacia que las vacunas han demostrado durante décadas.

“La ciencia ha ayudado a que podamos contener al coronavirus con una velocidad impensable hace solo unos años, pero nos espera un tsunami viral que, si no nos preparamos, acabará con un tercio de la humanidad”, alerta el investigador, y agrega que los datos epidemiológicos son contundentes: las pandemias han sido cuatro veces más frecuentes en los últimos 50 años y han experimentado una explosión en los últimos diez.

El SARS atacó en 2002-2003 y luego en el 2009; el H1N1 mató a más de 250 mil personas; y ahora han aparecido por primera vez muchos otros virus: el MERS en el 2012, el ébola en 2014-2016, el zica en el 2015-2017 y el causante de la Covid-19 en el 2019; además de los brotes de dengue, chikungunya o fiebre amarilla y las amenazas de las gripes aviares H5N1 y H7N9 de China.

Este investigador advierte el problema que pueden causar los movimientos antivacunas o el escepticismo, sin base, de muchos ciudadanos, “porque necesitamos que al menos el 70% de los ciudadanos estén vacunados para controlar la epidemia y algunas encuestas apuntan a que casi la mitad de las personas no tienen claro si se vacunarán”.

Fueyo lamenta que durante la actual pandemia se haya politizado todo (“hasta el uso de las mascarillas”), que haya ido acompañada de una “epidemia de autócratas ávidos de romper la democracia para mantenerse en el poder”, o que las fake news hayan contribuido a agrandarla; “cuando mueren pacientes, afirmar que el virus no constituye un peligro no sirve”.

A su juicio, frente a estos movimientos “inexplicables” de las conspiraciones, de los mitos y de las falsedades, y por encima de las supersticiones y de las ambiciones políticas de los autócratas, se volverá a imponer la ciencia. “No hay que buscar en otro sitio: es la ciencia la que siempre nos ha sacado de los apuros”, sostiene.

Y parafraseando a Isaac Asimov, arremete contra el “culto a la ignorancia” y contra la falsa noción de que democracia “significa que mi ignorancia vale lo mismo que tu conocimiento” y mantiene que esa ignorancia pone en riesgo la vida mientras la ciencia y el conocimiento las salvan.

“Es posible que los virus y los populistas ganen algunas batallas, pero si defendemos la importancia de la verdad y el conocimiento acabaremos ganando la guerra”, sostiene.

“No es una vacuna”

Miembros de los movimientos antivacunas, como Médicos de la Verdad, sostienen que la vacuna contra el coronavirus no es una vacuna y lo que en realidad pretende es una reducción de la población mundial a través de una modificación del genoma humano por medio de un componente de las vacunas.

Esta idea es apoyada por un grupo de genetistas y biólogos argentinos que se denominan “Junta de Revisión Científica”, quienes publicaron un informe en el que concluyen que una enzima de la vacuna contra el coronavirus “podría causar la esterilización masiva de la población, por lo que podría llegar a ser catastrófica a nivel mundial”.

Aunque el debate sobre las vacunas no es nuevo, son las personas las que tienen que llegar a una conclusión. Vacunarse no es obligatorio, aunque para algunos expertos debería serlo, principalmente para los grupos de mayor riesgo.

Según el investigador de Oxford Alberto Giubilini, una vacunación obligatoria garantiza que los riesgos y las cargas de alcanzar la inmunidad colectiva se distribuyan de manera uniforme entre la población. “Debido a que la inmunidad colectiva beneficia a la sociedad de manera colectiva, es justo que la responsabilidad de alcanzarla se comparta equitativamente entre los miembros individuales de la sociedad”.

La decisión de vacunarse, o no, en todo caso sigue siendo una elección individual, que podría ser alentada con campañas educativas e informativas sobre los beneficios de las vacunas.

Vacunas causan un mal peor

Todos los esfuerzos anteriores para crear vacunas contra el coronavirus, incluyendo los SARS, MERS, todos han demostrado que las vacunas tienden a provocar una enfermedad peor, una enfermedad que se llama mejora dependiente de anticuerpos. Esto significa que esa vacuna, en lugar de mejorar la inmunidad de la persona contra la infección, en realidad lo que mejora es la capacidad del virus para ingresar e infectar las células, lo que causa una enfermedad más grave.

Esto no es un invento mío, se puede encontrar publicado en un trabajo del 28 de octubre de 2020 en el International Journal of Clinical Practice, donde los propios científicos, éticos, que no tienen conflictos de intereses con las farmacéuticas ni con los gobiernos, han publicado y lo advierten: que las vacunas contra Covid, diseñadas para provocar anticuerpos, podrían hacer civilizar a los receptores de la vacuna a una enfermedad más grave.

No importa que sean de compuestos virales, proteicos, de vectores virales, de ADN, de ARN, independientemente del método de administración de esas vacunas, absolutamente todas podrían empeorar la Covid a través de lo que llama la mejora dependiente de anticuerpos. Es un fenómeno que está documentado, no lo inventamos nosotros.

Eso se ha visto en todos los modelos animales; los anticuerpos que generan esas vacunas le favorecen la entrada al virus y en algunos casos favorecen que el virus se reproduzca porque interactúan con los anticuerpos.

Por eso les decimos a los que piensan que nosotros hablamos tonterías que revisen las publicaciones científicas porque la segunda ola va a venir y vendrá con una patología pulmonar mucho más grave, pero favorecida por la vacuna.

Seguramente los vacunados no van a representar ningún problema para los no vacunados, el problema es que cuando los vacunados tomen contacto otra vez con el virus, van a desarrollar una enfermedad mucho peor, que probablemente los va a matar, como se vio en todos los modelos animales.

Por: Fernando Chávez Virreira, periodista Fuente: Página Siete, Bolivia
En: https://www.paginasiete.bo/ideas/2021/1/24/la-ciencia-contra-la-posverdad-de-los- movimientos-antivacunas-281920.html

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