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22 de enero de 2021

Este 2021 la ciencia será más pública que nunca gracias al “Plan Shock”


El Plan S busca democratizar el conocimiento científico propiciando la publicación en revistas de acceso abierto.


La falta de subvenciones y la inestable situación laboral no son las únicas quejas que se escuchan de boca de los científicos. Existe un problema más que no suele recibir tanta atención, pero con implicaciones mucho más directas en el resto de la población. Se trata de la privatización del conocimiento científico. En este artículo entra en el debate ético sobre si debería restringirse el conocimiento obtenido a partir de una investigación realizada con fondos privados (si sus promotores así lo quieren); el problema en este caso es menos espinoso. ¿Debería privatizarse el conocimiento obtenido con fondos públicos? El Plan S opina que no y acaba de entrar en vigor.


La “S” de Plan S viene de la palabra inglesa “shock”, algo así como “conmoción” y transmite bastante bien la zozobra que trata de causar en el mundo editorial. Actualmente, los científicos son valorados (sobre todo) en función de cuántos artículos han publicado y en qué revistas lo han hecho. El problema es que las revistas con un mayor impacto suelen ser privadas, esto es, para poder leerlas uno ha de estar suscrito a ellas (y las cuotas son considerables). Esto ha propiciado que buena parte del conocimiento científico sea publicado solo para unos pocos, haciendo que los ciudadanos tengan que pagar para leer información obtenida con fondos públicos. Esto es, precisamente, lo que busca cambiar el plan S.


Ciencia para todos


Por supuesto, ya existían alternativas, como las publicaciones de acceso abierto que, si bien su lectura es gratuita, cobran grandes sumas a los investigadores, las cuales pueden llegar a los miles de euros. Estas se destinan a “cubrir los costes” de maquetación, servidores, etc. Por sí solo, este sistema podría parecer la solución, si no fuera que las instituciones no siempre cubren este gasto extra que, en algunos casos, acaba corriendo del bolsillo de los propios investigadores. Por otro lado, existen repositorios online que, si bien tienen un impacto nulo en el currículum de los investigadores, algunas revistas permiten publicar en ellos versiones preliminares de lo que ellas finalmente publican. La estrategia es buena para las revistas, ya que funcionan como un cebo. Si la versión preliminar llama la atención de un investigador, es muy probable que busque hacerse con la definitiva para asegurarse de no haya ningún error en la información que requiere consultar.


Lo que el plan S implementa busca suavizar estos dos conflictos (entre muchos otros) y funcione mejor o peor, cambiará las reglas del juego en este mundo de las publicaciones científicas. De hecho, a grandes rasgos dice lo siguiente:


A partir de 2021, todas las publicaciones académicas en base a investigaciones financiadas por subvenciones públicas o privadas proporcionadas por los consejos de investigación y los organismos de financiación nacionales, regionales e internacionales deben publicarse en revistas de acceso abierto, plataformas de acceso abierto o estar disponibles de inmediato. a través de repositorios de acceso abierto sin embargo “.


No obstante, España no se incluye entre las instituciones que componen la cOAlition S y, por lo tanto, adheridas al plan S, pero la ciencia es algo que ya ha trascendido fronteras y, aunque no nos vaya a afectar de forma directa (por ahora) sus efectos se harán notar en colaboraciones e investigaciones que tomen datos de instituciones pertenecientes a la cOAlition S. De hecho, es bastante probable teniendo en cuenta la fuerza de investigación que tienen algunos de los integrantes de este proyecto, entre los que se encuentran superpotencias de Estados Unidos, Reino Unido y Francia.


¿Dónde está el truco?


La iniciativa fue lanzada en 2018, pero lleva fraguándose desde mucho antes. En 2003 ya se empezaron a escuchar voces institucionales clamando por una medida similar y en 2016, los ministros de ciencia de la Unión Europea se comprometieron expresamente a fomentar que todas las publicaciones científicas europeas fueran de acceso público para 2020. Desde entonces ha habido retrasos, como es lógico, pero sobre todo un tiempo prudencial para que la industria pueda adaptarse a los requerimientos del Plan S.


La nueva presión institucional hará que algunas revistas bien consolidadas viren su modelo de negocio para no perder oportunidades. Un ejemplo es Nature que, sin ir más lejos, lanzó el mes pasado un sistema de Acceso Abierto compatible con los requerimientos del Plan S y en el que, para publicar, habrá que pagar 9.500 euros por artículo.


Para ser precisos, esta medida no es del todo compatible con los propósitos originales del plan, ya que se considera una revista híbrida, la cual ofrece tanto artículos privados como algunos de acceso libre, y estas se veían explícitamente excluidas por los valores iniciales del plan. No obstante, la mayor parte de integrantes del cOAlition S han decidido hacer una excepción, al menos por ahora. Teniendo estos datos en cuenta, puede parecer que el Plan S deja muchos huecos abiertos por los que hacer daño a la profesión investigadora. Si existe la obligación de publicar en estos formatos de acceso abierto, pero las revistas más influyentes deciden abrirse a cambio de tarifas prohibitivas que puede que tengan que cubrir los propios investigadores, ¿no es el remedio peor que la enfermedad?


Esta (casi) todo pensado


Por suerte, durante estos años que han estado moldeando la iniciativa, han establecido normas que protegen contra este tipo de peligros. Por ejemplo, aquellas instituciones de la cOAlition S deberán costear las tarifas de publicación sin que ello impacte económicamente en sus investigadores. Por otro lado, plantean que se empiece a valorar la labor investigadora dejando a un lado el factor de impacto de las revistas y primando la calidad del propio trabajo, así como las publicaciones subidas a repositorios online. De hecho, según el Plan S, los investigadores mantendrán los derechos sobre su artículo sea publicado donde sea, regulándolo bajo una licencia Creative Commons que permita su reproducción libre y gratuita siempre que su autoría sea correctamente atribuida.


Por supuesto, este es uno de los puntos más conflictivos, ya que vuelve más subjetiva la evaluación de los méritos. Es más, podría incluso devaluar la importancia de la revisión por pares, un paso clave en el sistema actual donde al menos otros dos investigadores expertos en tu campo han de revisar y aprobar tu artículo para que este sea publicado, actuando como un control de calidad. No obstante, es complicado que estos sistemas alternativos al factor de impacto tomen cuerpo pronto.


Para poder articular un plan de este calibre ha hecho falta mucho trabajo y muchos formalismos que escapan a cualquier artículo generalista, pero entre las buenas decisiones tomadas por la iniciativa se encuentra haber confeccionado un decálogo de sus principios que queda traducido a continuación:


1 - Los autores o sus instituciones conservan los derechos de autor de sus publicaciones. Todas las publicaciones deben publicarse bajo una licencia abierta, preferiblemente la licencia Creative Commons Attribution (CC BY), para cumplir con los requisitos definidos por la Declaración de Berlín.


2 - Los patrocinadores desarrollarán criterios y requisitos sólidos para los servicios que deben proporcionar las revistas de acceso abierto de alta calidad, las plataformas de acceso abierto y los repositorios de acceso abierto.


3 - En los casos en que aún no existan revistas o plataformas de acceso abierto de alta calidad, los patrocinadores, de manera coordinada, proporcionarán incentivos para establecerlas y apoyarlas cuando sea apropiado; también se prestará apoyo a las infraestructuras de acceso abierto cuando sea necesario.


4 - Cuando corresponda, las tarifas de publicación de acceso abierto estarán cubiertas por los patrocinadores o las instituciones de investigación, no por investigadores individuales; se reconoce que todos los investigadores deberían poder publicar su trabajo en acceso abierto.


5 - Los financiadores apoyan la diversidad de modelos comerciales para revistas y plataformas de acceso abierto. Cuando se aplican tarifas de publicación de acceso abierto, deben ser acordes con los servicios de publicación prestados y la estructura de dichas tarifas debe ser transparente para informar al mercado y a los financiadores sobre la posible estandarización y limitación de los pagos de tarifas.


6 - Los patrocinadores alientan a los gobiernos, universidades, organizaciones de investigación, bibliotecas, academias y sociedades científicas a alinear sus estrategias, políticas y prácticas, especialmente para garantizar la transparencia.


7 - Los principios anteriores se aplicarán a todo tipo de publicaciones académicas, pero se entiende que el cronograma para lograr el Acceso Abierto para monografías y capítulos de libros será más largo y requiere un proceso independiente y debido.


8 - Los patrocinadores no apoyan el modelo “híbrido” de publicación. Sin embargo, como una vía de transición hacia el acceso abierto total dentro de un marco de tiempo claramente definido, y solo como parte de arreglos transformadores, los Financiadores pueden contribuir al apoyo financiero de dichos arreglos.


9 - Los financiadores supervisarán el cumplimiento y sancionarán a los beneficiarios / concesionarios que no cumplan.


10 - Los Financiadores se comprometen a que, al evaluar los resultados de la investigación durante las decisiones de financiación, valorarán el mérito intrínseco del trabajo y no considerarán el canal de publicación, su factor de impacto (u otras métricas de la revista) o el editor.


Y así es como comienza la ciencia de 2021, todas las investigaciones subvencionadas con fondos de instituciones de la cOAlition S concedidas a partir de 2021 deberán ser publicadas de forma abierta. Es un primer paso hacia la democratización del conocimiento, un paso que nos acerca a los valores que el sistema lleva décadas reprimiendo. Solo el tiempo nos dirá qué será de este Plan S, pero más allá de toda duda, podemos asegurar que su influencia en el mundo editorial ya es palpable y que lo será más a lo largo de este año entrante, un año prometedor para la ciencia.


Fuente: La Razón, España

En: https://www.larazon.es/ciencia/20210101/pvgvj4ojlzf3fl4mbz5sr2igky.html

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