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18 de enero de 2021

Vacunas anti-COVID-19: Incertidumbres y transparencia


Como médica investigadora, estoy acostumbrada a tomar decisiones clínicas, científicas y de salud pública en función de los datos. Parte de mi trabajo consiste en asesorar sobre la composición de la vacuna anual de la gripe. En la pandemia del nuevo coronavirus he tenido que adaptarme, como todo el mundo, a la incertidumbre. Todavía quedan dudas por despejar acerca de las vacunas anti-COVID-19: si es más eficaz una que otra, cómo actuarán en las personas con mayor riesgo de padecer una enfermedad grave —que a menudo quedan excluidas o están infrarrepresentadas en los ensayos clínicos—, si evitarán la transmisión del virus o la aparición de cuadros graves, cuánto tiempo durará la inmunidad y qué colectivos podrían ser reacios o negarse a vacunarse por ideología, desconfianza o desinformación.

 

A pesar de las incertidumbres, los responsables sanitarios tendrán que decidir qué vacunas administrar, a quién, cuándo y con qué frecuencia. Y a los ciudadanos les tocará decidir si se vacunan o no, para lo que deben ser conscientes de que una vacuna eficaz podría no evitar que todos los que la reciban enfermen o infecten a otros. La mejor actitud que pueden adoptar las autoridades es ser muy claras sobre lo que se sabe y lo que no se sabe, involucrar al público en los debates, tomar en serio sus opiniones y generar confianza mediante la transparencia.

 

Se necesitan varias condiciones para el éxito. La gente debe estar dispuesta a vacunarse: lograr la inmunidad colectiva requerirá tasas de vacunación superiores al 60 o 70 por ciento. Los planes deben tener en cuenta la realidad social. Con las escandalosas desigualdades que ha destapado la pandemia, muchos miembros de las comunidades étnicas y raciales minoritarias no confiarán del todo en sus Gobiernos. Se precisan mensajes adaptados a sus preocupaciones en las redes sociales y otras plataformas. Además, no deben olvidarse las medidas preventivas esenciales: mascarillas, lavado de manos y distanciamiento físico. Todas estas estrategias dependen de que se mantenga la confianza de la población a medida que avance el conocimiento.

 

Casi todas las vacunas habituales suelen administrarse a los niños o a un grupo concreto de personas. En cambio, las de la COVID-19 deberán administrarse lo más rápido posible a la gran mayoría de la población mundial. Contar con una batería de vacunas será fundamental para disponer de suficientes dosis. Numerosos países poseen planes de contingencia para pandemias de gripe que servirán de guía para la vacunación masiva. Conviene que los responsables sanitarios revisen la experiencia de la pandemia gripal de 2009 y examinen cada detalle del lanzamiento de una vacuna. La variabilidad del número de dosis, calendarios, condiciones de conservación y cadenas de suministro de las diferentes vacunas complicará la logística.

 

Se plantearán decisiones difíciles. Cada vacuna se autoriza en función de su comparación con un placebo, no con otras vacunas. Al principio, no dispondremos de datos sobre su distinta eficacia para prevenir la enfermedad o inducir la inmunidad. Los profesionales sanitarios suelen considerarse la categoría de máxima prioridad, porque corren el mayor riesgo de infección y son esenciales para el funcionamiento de la sociedad. En la siguiente categoría se incluyen aquellos con riesgo de sufrir una enfermedad grave y fallecer debido a su edad y afecciones previas. Pero no es probable que los ensayos reflejen los efectos de las vacunas en estas poblaciones. Estas suelen funcionar mejor en adultos jóvenes sanos; por ello, las que se elaboran para enfermedades como la gripe y el herpes zóster se potencian para los ancianos, con una dosis más alta o un adyuvante. Por último, se desconoce la capacidad de las vacunas para reducir la transmisión del virus, por lo que será difícil determinar si los jóvenes sanos vacunados podrán volver al trabajo con total seguridad sin tomar constantes precauciones.

 

El público debe participar en los debates sobre los riesgos y los beneficios de las vacunas, sobre quién debe vacunarse antes y por qué. Varios grupos de expertos han deliberado y escrito sobre estas cuestiones, pero la gente debe poder valorar sus argumentos y opinar. Una forma de hacerlo es a través de «jurados ciudadanos», grupos representativos de personas que se reúnen para considerar problemas y aportar sugerencias. Así se hizo en Australia ante la amenaza de las pandemias del síndrome respiratorio agudo grave y la gripe aviar.

Es importante mantener la cabeza fría ante las buenas noticias. Se han emprendido ensayos clínicos con diversas vacunas en un tiempo récord y los datos son prometedores. A medida que incorporemos nueva información a la toma de decisiones, tendremos que dar prioridad a la claridad y la transparencia acerca de lo que sabemos y lo que no sabemos.

 

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

 

Por: Kanta Subbarao

Fuente: Investigación y Ciencia

En: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/la-espintrnica-imita-al-cerebro-819/vacunas-anti-covid-19-incertidumbres-y-transparencia-19347

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