Nature
html5 bootstrap template

6 de enero de 2021

La COVID-19 amenaza los logros mundiales en la igualdad de género


Durante gran parte de la historia de la humanidad y en muchos lugares, las niñas han sido consideradas como una propiedad. O, en el mejor de los casos, como personas subordinadas a las que se exigía obediencia a los padres hasta el día en que tenían que empezar a obedecer a los maridos. Pocas personas pensaban que valiera la pena educarlas. Menos aun fueron quienes imaginaron que una niña podría acabar gobernando Alemania, dirigir el FMI o inventar una vacuna.

 

En la mayor parte del mundo, esa visión de la condición de las niñas no sólo parece ya anticuada sino inimaginablemente remota. En buena parte del mundo rico, los progenitores tratan hoy por igual a sus hijas y a sus hijos, e invierten lo mismo en su futuro. En un ámbito tras otro, las niñas han alcanzado a los niños. A nivel mundial, las jóvenes son más numerosas ya que los varones en la universidad. La velocidad del cambio ha sido vertiginosa.

 

Hace 50 años, sólo el 49% de las niñas en edad de asistir a la escuela primaria estaba escolarizado en los países de ingresos medios-bajos, frente al 71% de los niños; hoy, la proporción en ambos casos es de un 90%.

 

En 1998, sólo la mitad de las niñas en edad de asistir a la escuela secundaria estaba matriculada en todo el mundo; hoy, dos tercios lo están. Durante el mismo período, las tasas de analfabetismo han pasado de una de cada cinco jóvenes de 15-24 años a una de cada diez, una proporción más o menos equiparable a la de los varones.

 

Tener una hija es más deseado que nunca. En algunos países, los progenitores las prefieren. Incluso en lugares, como China, donde ha sido muy frecuente el aborto selectivo de fetos femeninos, ya lo va siendo muchas veces menos. Las niñas también tienen menos probabilidades de ser casadas en la infancia. En 1995, casi seis de cada diez niñas fueron casadas antes de cumplir los 18 años en el sur de Asia ; esa proporción se ha reducido a la mitad. En todo el mundo, pasado de una de cada cuatro a una de cada cinco.

 

Las niñas gozan también de mejor salud. En comparación con mediados de la década de 1990, se muestran sexualmente activas más tarde y es más probable que utilicen métodos anticonceptivos. Las tasas de embarazo adolescente han disminuido en una cuarta parte a escala mundial y en dos tercios en el sur de Asia y Norteamérica. Es menos probable que las niñas sufran mutilación genital, y protestan más enérgicamente contra esa horrible tradición. Mientras que en 2000 sólo el 27% de las mujeres y niñas de las regiones más afectadas afirmó que debía prohibirse, hoy lo afirma el 54%.

 

 

Cuando las sociedades manejan bien la niñez de las niñas, las repercusiones son asombrosas. Una niña que termina la escuela secundaria tiene menos probabilidades de convertirse en niña-novia o madre adolescente. La educación multiplica su capacidad de obtener ingresos y amplía sus posibilidades de elección, por lo que es menos probable que sea pobre o que padezca maltrato doméstico. Ganará casi el doble de lo que gana una niña sin escolarizar.

 

Y transmitirá una gran cantidad de ventajas a su descendencia. Tendrá menos hijos e invertirá más en ellos. Su descendencia tendrá menos probabilidades de morir en la infancia o de crecer con impedimentos físicos o mentales. Les leerá más y les ayudará a hacer las tareas escolares. Todo ello significa que los hijos aprenderán más, y tendrán mejores ingresos de adultos. Según un estudio reciente de Citigroup y Plan International, si un grupo de economías emergentes lograra que el 100% de sus niñas terminara la escuela secundaria, el resultado podría ser un aumento sostenido del 10% del PIB en 2030.

 

Dada la magnitud de los beneficios de una buena educación de las niñas, es un escándalo que algunos países aún no sean conscientes de ellos. Menos de la mitad de las niñas en el sur de Asia, Oriente Medio o África tienen acceso a métodos anticonceptivos que podrían desear obtener. Sólo una de cada tres niñas al sur del Sahara termina la educación secundaria. Y aunque las tasas de matrimonio infantil se han reducido a la mitad en el sur de Asia, la reducción ha sido menor que en África (que tiene hoy la tasa más alta del mundo) y hay un estancamiento en América Latina y el Caribe.

 

La pandemia de la Covid-19 podría perjudicar el progreso de las niñas en los países pobres o incluso revertirlo. Son ellas las que más han padecido en desastres anteriores. Cuando el ébola forzó el cierre de las escuelas de África occidental en 2014, muchas niñas abandonaron los estudios, no volvieron nunca a la escuela y terminaron embarazadas o como trabajadoras infantiles. UNICEF advierte de que con la Covid-19 podría ocurrir algo similar, pero a una escala mayor. Los estudios indican que en la próxima década quizá se celebren 13 millones de matrimonios infantiles que podrían haberse evitado, y que quizás 2 millones de niñas adicionales sufran mutilación genital.

 

El riesgo de regresión es real. Así que resulta de vital importancia, aunque tengan que apretarse el cinturón, que los gobiernos de los países pobres den prioridad al gasto destinado a la educación y a las niñas. Los donantes también deben ayudar. Y las políticas coordinarse. Convencer a las niñas para que permanezcan más tiempo en la escuela no sólo es una forma de de que aprendan matemáticas, sino que también constituye una oportunidad para vacunarlas y que aprendan sobre el control de la natalidad, el consentimiento y la autoafirmación. Puede ser incluso una oportunidad para aconsejar a los padres sobre los inconvenientes del matrimonio infantil.

 

La adolescencia es un período crucial para las niñas. Es el momento en que surgen o se evitan muchos problemas de salud, y también muchos problemas sociales, desde el absentismo escolar hasta el daño auto infligido. Sólo de modo muy reciente se ha reconocido esta etapa como la más importante para el desarrollo del cerebro después de la infancia. Si obramos bien, miles de millones de niñas tendrán una mayor oportunidad de desarrollar su potencial. Si obramos mal, vivirán vidas más pobres y más cortas, serán menos capaces de valerse por sí mismas, se mostrarán más vulnerables a la coacción y tendrán con más probabilidades de transmitir esas desventajas a la siguiente generación. Así que debemos conseguir una buena niñez para las niñas.

 

Por: The Economist

Fuente: La Vanguardia, México

En: https://www.lavanguardia.com/economia/20201223/6143105/covid-19-amenaza-logros-mundiales-igualdad-genero.html

Enlaces de Interés